Los Géneros

Roteiros – TRAMA – Los Generos

Si un dramaturgo ignora dónde termina el continente del personaje de la novela, del cuento, del guión de cine y de televisión, ¿estará en capacidad de construir un personaje teatral? probablemente no. Un asunto es utilizar la palabra para consignar situaciones dramáticas en imágenes rituales que se escenificarán en un teatro o en una pantalla, y otro, muy distinto, para crear una novela, un cuento o un relato.

La imagen literaria (la prosa)se basta a sí misma en la página del libro, mientras que la del guión (cine, teatro, televisión) ansía otros escenarios de exposición.

Existe una natural rivalidad entre los géneros escriturales, pues cada uno de ellos se encuentra habitado por la entidad dramática más sugestiva del arte de contar y representar: el personaje. El personaje habita por igual en la novela, en el cuento, en el guión de cine o de televisión y, a veces, con imponente presencia, creemos percibirlo rondando la poesía, la pintura, la escultura. Sin embargo, a ninguno de estos géneros pertenece, ninguno puede arrogarse su propiedad exclusiva, el dominio definitivo y permanente de su ubicua contextura. Lo que podría reclamar como suyo cada género que lo convoca es el sentido del tratamiento de tan magno carácter. En el ejercicio de tal asunción, cada género formulará la creación del personaje de manera distinta.

La certeza de saber que el personaje persiste por igual en cada género no llega a agotar la imagen como el territorio final de su realización, ni la escritura como el puente colgante, al separar, ésta, las orillas de su existencia múltiple. Tan reveladora certidumbre podría estar acuñada en aquellas memorables líneas de un personaje de William Shakespeare ,el ambicioso Ricardo III: “Mi conciencia tiene mil lenguas y cada lengua cuenta su historia particular.” Cuando el personaje se expresa en un tiempo, en un lugar y en una acción, cada uno de los ámbitos donde el cuerpo de su realización se edifica ha de variar, de acuerdo con el género que los aborde desde la perspectiva autoral. Es la mirada interior (la del género y la del escritor)la que modifica la historia, al refundar la anécdota en nuevas expresiones.

En la novela, la imagen obsesiva del novelista devela la vida del personaje en el catálogo exhaustivo del detalle, hasta expresar el corazón total de la anécdota. En cambio, en el cuento, la anécdota está concentrada en la tensión situacional de lo descrito. Ahí la imagen se representa con un valor asociativo mucho más inconmensurable, en comparación con el de la novela. Se tiene la sensación de que en la novela se describe la esencia, mientras que en el cuento, paradójicamente esa misma esencia se expresa en la potencia composicional. En la primera, la intensidad se da por la extensión; en el relato o cuento, por la concentración sugerente de las líneas escritas. Así ha ocurrido en la narrativa clásica y moderna, hasta en las más ocurrentes propuestas estructurales de la anécdota.

Con el texto teatral nos vamos a encontrar con la semejante disposición del guión cinematográfico y de televisión de ficción, al desear los tres, como fin último, la exposición de su propuesta argumental por diferentes medios: uno en la pantalla grande, otro en la pantalla chica, mientras que el texto teatral llega a ser obra total cuando desciende y se hace corpóreo en un escenario, al convertirse finalmente en espectáculo. La obra teatral escrita no es una totalidad en sí, sino más bien una totalidad por ser .Más que una obra, será siempre una pieza, la parte de un todo. Se manifiesta como totalidad cuando convoca, por último, al espectador.

La situación es el embrión del texto teatral, concentra el secreto germinal de la obra. La teatralización de una situación no sucumbe en el fondo del detalle minimalista. En cambio, en la narrativa, la situación desciende a los matices del detalle (si se desea)hasta el infinito. Conocer los parámetros diferentes del espacio, del objeto, del tiempo, donde se habrá de llevar a existir y a relacionarse al personaje, resulta imprescindible a la hora del abordaje de cada género. La estructura del personaje, definitivamente, es tanto la suma de las coincidencias, como la resta de las diferencias establecidas por cada uno de los géneros, en sus actos eventuales de posesión. Cualquier propuesta estilística terminará por enriquecer los abordajes.

Por Edilio Peña

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