La Palabra

Roteiros – TRAMA – La Palabra

La palabra, como el personaje,es cuerpo inaprensible, vasto, inconmensurable. Sus contenidos no son fáciles de asir. Si pensamos en la palabra que nombra, ella es un depositario de la memoria humana. No sólo histórica, sino también ontológica. La palabra no sólo significa, a su vez contiene imágenes sensitivas, convocadoras e invocadoras.

La palabra es significación de lo inmediato y, aun más, de dimensiones ocultas. Aparte de imágenes, la palabra promueve ideas, música y sonido. Su tañido despliega resonancias infinitas. Invoca tiempos,espacios y objetos, interioridades y ficciones, personajes y metáforas. Con ella, el autor teatral indagará nuevos ámbitos para sumarlos a la primera representación escrita. Entonces, cada vez que el al golpear dos piedras, en busca de la chispa luminosa del fuego.

En la experiencia escritural, la palabra será una herramienta esencial, habrá de ser un cuerpo a la búsqueda de otros cuerpos, de otras conciencias. Ha de nombrar lo intraducible, aquello inasible,   para exorcizarlo o hacerlo visible, así sea solo por un instante. El fin también tiene un objetivo mayor que rebasa el acto mismo de nombrar: configurar, en el rito de la acción contenida en la palabra, otras formas de la existencia inalcanzables por el nombre.

El dramaturgo se dispone a trabajar con palabras acostumbradas y,en su rumiada acción, intentará liberarlas de sus prisiones referenciales. La realidad no le basta y, si así fuera, buscaría refundarla en la ritualización de la escritura, reinventarla desde la ficción. En el ejercicio escritural, la palabra perderá su categoría de universo enajenado, gastado. En la composición, el autor intentará
dotar a la palabra de su valor primigenio: conjurador, mántrico, liberador, reivindicándola a modo de detonante de la creación, como instrumento vehicular del espíritu y la imaginación.

La palabra en el escenario de la página en blanco tendrá otras disposiciones sintácticas, más allá de la mera composición de los diálogos. La conversación tradicional no podrá ser el tejido esencial del texto teatral (aunque así pareciera). Preguntas y respuestas, dudas y aclaratorias, expresiones y disquisiciones emocionales no bastarán para expresar la horadante naturaleza del texto dramatúrgico.

La palabra, en el teatro, es aguja del bordado,o aguja que teje un entramado más complejo e hiperlógico a la hora de calcar el fondo anecdótico de cualquier pasión, en el proceso de las relaciones e interrelaciones, en el alma de los personajes, en la naturaleza oscura de lo innombrable.

El autor teatral escribe para alcanzar la energía de un contenido conocido y desconocido. La palabra, como instrumento virtuoso y legendario, no le resultará suficiente para tal fin y habrá de recurrir a la composición ambiguamente poética del texto, al diseño arquitectónico de la estructura de la obra para, desde allí, poder lograr la consecución de su objetivo dramatúrgico. El autor teatral descubrirá en la embarazosa tarea de la conjunción de las
partes (diálogos, acotaciones, interjecciones, omisiones por silencio y pausa), en la suma de las situaciones y las escenas, en el alcance de los objetivos dramáticos, en la resolución de los conflictos menores y mayores,el ámbito propicio para la creación de la poética teatral: la imagen suprema.

La correspondiente al catálogo de sucesos consignados en el relato teatral. El primer ensayo de la representación, el autor lo verá hecho realidad en el escenario de la página en blanco, en el destinatario de su mancha. Entonces, comprenderá la naturaleza de su oficio: poetizar por concreción y no, por premeditación.

La imagen poética del texto teatral se eleva por entre las líneas del diálogo, en el desarrollo develador de la anécdota, en los vacíos creados por el sistema de puntuación, en el río negro de una coma, en la isla de un punto y seguido, en los islotes de los puntos suspensivos.

Allí, donde habita el verdadero pensamiento del personaje, la conmoción de sus sentidos, la forma viva de su espíritu.

Dialéctica donde se transmuta la lógica real en lógica ficcional. Entre el silencio y la ausencia se hallarán las otras palabras de la invocación y la convocatoria. Retícula por donde, posteriormente, con los agregados interpretativos del actor, en la pantomima gestual de los sentimientos, en el carácter secreto de esa otra metáfora del hombre, emergerá el ser persistente: el personaje.

La composición final del texto teatral es la imagen estructurada por la imaginación hiperlógica de la conciencia desvelada del autor. No la imagen concluyente y definitiva, la que se agota en las interpretaciones de la lectura, en puestas en escena que posteriormente se hagan de ella. Es la otra. Aquella fuera de la posesión y la tenencia. Porque la imagen del texto teatral permanecerá independiente y al acecho,en el reservorio paradigmático de las palabras.

El texto teatral contiene imágenes sustantivas, inagotables ante la sujeción de una sola o varias interpretaciones que se hagan de él. La composición verbal, en la suma de las palabras para significar, no deberá vampirizar la imagen misma como resultado. Ella habrá de estar anclada en la corriente del paradigma, del mito o el arquetipo, en las articulaciones y mecanismos de la existencia, para emitir desde allí sus propias e infinitas resonancias.

Pero ¿cómo podría el autor teatral llegar a todos los lectores o espectadores si su obra está atada a la gramática de un idioma?… Pregunta y frontera reconocidas por un escritor despierto, dispuesto como un atleta de los sentidos a cruzar el umbral que le parece vedado. En manos de Antonin Artaud , esta supuesta limitación se intentaba abolir, fragmentando la palabra y su significado, apoyándose en la música secreta de la estructura dramática. Artaud recurría a palabras sin identidad idiomática, inventándolas, para que ellas mismas descubrieran otros continentes imposibles con una intención racional y, después, regresaran con un insulto a la composición tradicional.

Cuando Hamlet aconseja a los cómicos, antes de la representación que habrán de hacer frente al nuevo Rey, el asesino de su padre encarnado en su tío, les acuña en sus conciencias lo siguiente: Que  la palabra  corresponda  a la acción y la acción a la palabra. Tomada literalmente la oración, ésta no adquiere ninguna profundidad más allá de lo situacional de la intención. Atentos, deteniéndonos
en las partes de la composición, podemos vislumbrar lo siguiente: La palabra concentra la imagen, y ésta posee la densidad de la significación. La acción es una consecuencia de la palabra, de sus objetivos. Como tal, la acción misma establece una dependencia con la palabra, sobre todo con la imagen como su motor esencial.

En el relato teatral, el diálogo contiene los fundamentos de la acción. La acción concreta y la acción posible. La nunca traducida en totalidad. La anterior frase de Hamlet demanda fidelidad a las intenciones secretas del texto. Aceptemos: la obra de teatro se mueve entre lo que es y  lo que puede ser.

Por Edilio Peña

Leer más – TRAMA (proceso y construcción de la obra teatral)

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