El Objeto

Roteiros – TRAMA – El Spacio

La transmutación del objeto en sujeto lo aproxima a perspectivas de tratamiento exigidos por la propia estructura narrativa o dramática donde habita su descerebrado ser. Su fin es transformarse en personaje, en voluntad y parte integral de la intriga. En él, habrán de concentrarse ámbitos secretos de la realidad real y de la ficción, así como proyecciones inconfesables de personas y personajes. Si bien el objeto no tiene conciencia de elección, su sola presencia es arrastrada por el orden y el desorden de la conciencia viva, hasta convertirlo en sujeto independiente. Su oculta razón emerge de esa huella heredada de la convivencia con los vivos. En la realidad cunden los objetos, y en uno sólo es donde habrá de sucumbir nuestra total existencia:¿El cuerpo no es el más emblemático?

Al respecto, resulta oportuno citar el fragmento del ensayo e  Anna Rita Tiberio, La Necesaria Subjetividad.

El sujeto subjetiviza al objeto y éste subjetiviza al sujeto. El sujeto siempre es doblemente subjetivizado. Esta relación conduce a una circularidad contradictoria entre esas dos nociones como un fatalismo necesario. El sujeto por sí solo no explica al objeto sin lo agregado o construido por él, y el objeto ya subjetivizado no se explica sin aquél.

La entretejida relación se produce casi siempre en un espacio, en un lugar donde el objeto hace presencia de manera causal o casual, inmersa en la luz o en la oscuridad, en una especie de constante e ignorada expiación. El sujeto pudiera olvidar y subestimar al objeto, pero este último jamás lo hará con él. Su inmovilidad aparencial succionará, progresivamente, las pulsaciones secretas del sujeto vivo. En ese proceso, su presencia adquiere un sentido hondo y sobrecogedor. En tal trance, el objeto ya no será igual frente al sujeto. El espejo le devolverá al sujeto su imagen, a veces desconocida e irrenunciable.

La asunción que hace el narrador de un objeto en particular no es igual a la que habría de hacer el autor teatral. Otra vez un formato de abordaje los separa. En el texto teatral, el objeto tendrá un valor de significación preciso, puntual. Generalmente, su presencia es señalada, mientras se moviliza su accionar a través de las indicaciones del autor. Accionar que se expresa, generalmente, dentro de un paréntesis, pero también por medio de los diálogos de los personajes. El objeto teatral puede ser el depositario de una obsesión, de un sentimiento o de una feliz o mortal anunciación. Su volumen, forma y color pueden expresar al carácter, actuando a través de apropiadas acciones dramáticas.

En la narrativa, el objeto llega a expandirse como un valor irrelevantemente descrito (es el caso de la novela, si bien su descripción agrega matices a la sensualidad narrativa).Y éste a veces se destaca en un rol favorable para la intriga. En gran parte de la cuentística del siglo XIX, el objeto fue estimado casi como un personaje peculiar.

Relatos de Poe o de Maupassant bien podrían encabezar la autoría de este tipo de cuentos. Era tradición, en la Grecia antigua, tratar a los objetos homicidas como seres personificados. Según Esquines y Desmótenes, cuando un objeto hería o mataba a alguien, y no se sabía quién lo había manejado, el objeto era llevado ante los tribunales y juzgado como cualquier persona que hubiese delinquido. La condena del objeto podía ser, por ejemplo, el destierro.

En un texto teatral como el de Edipo  Rey, nos percatamos de que el objeto más importante son los broches de oro de Yocasta. En ellos se concentra la tragedia, el destino fatal de Edipo. Es un objeto premonitorio y, a la vez, desencadenante. Cuando Yocasta aparece por primera vez en la obra, si bien el autor no lo señala con una acotación, los broches serán la anunciación de la verdadera desgracia que se avecina. Al final de la obra, cuando Edipo se saca los ojos con los broches de su madre y esposa, el objeto ha cumplido su cometido dramático en el mejor sentido dramatúrgico.

El personaje, a instancias del autor o de sí mismo, deposita una corriente de su vida interior en el objeto que lo acompaña. Con este poder, el propio objeto podrá expresar al personaje en ausencia, con sentido preciso y transparente. Por eso, el objeto en el texto teatral no será un mero instrumento de inútil presencia. Habrá de ser, sí, un coadyuvante de la acción dramática de la obra.

Por Edilio Peña

Leer más – TRAMA (proceso y construcción de la obra teatral)

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